Hubo un tiempo, cuando los jefes eran jefes y los empleados iban a la calle a las primeras de cambio, en que si alguien malinterpretaba las instrucciones que recibía, recibía una patada. Pero hoy en día las cosas han cambiado. En la actualidad, si yo le entiendo mal, probablemente es culpa suya. Si le entiendo perfectamente pero no me gusta lo que me dice, puedo entrar con rodeos, no me decidiré y es muy posible que desbarate por completo su petición. Mejorar la capacidad de comunicación es la primera llave para mejorar la eficiencia.

Según DALE CARNEGIE, prestigioso gurú del mundo de la formación empresarial hay varias formas de conseguir influir en los demás. Estas son las seis maneras de agradar a los demás:
1. Interésese seriamente por los demás.
2. Sonría.
3. Recuerde que, para cualquier persona, su nombre es el sonido más agradable.
4. Anime a los demás a que hablen de sí mismos.
5. Hable pensando en lo que interese a los demás.
6. Haga que otra persona se sienta importante.
En el trabajo, no se puede hacer nada sin la ayuda de los demás. Puede aconsejar, recomendar, dar instrucciones, tomar decisiones, ordenar, pero todo esto implica a otras personas. Incluso aquellos que trabajan independientemente (como periodistas o abogados) cuentan siempre con los demás.

"Nadie es una isla."
Cuanto más eficientemente pueda tratar con otras personas, más eficiente será usted mismo. Y el secreto de tratar eficientemente con la gente es una comunicación persuasiva. La comunicación persuasiva no es el arte de vender (aunque el arte de vender sea una forma de comunicación persuasiva). Una comunicación persuasiva es la que se presenta a los receptores de la manera más comprensible; en otras palabras, de una manera que les persuada a hacer lo que usted quiere que hagan.
Por tanto, una comunicación persuasiva ahorra tiempo, y la pérdida de tiempo es uno de los peores sintomas de ineficiencia. Pero una comunicación persuasiva presenta dos ventajas secundarias. En primer lugar, en las modernas organizaciones, especialmente en las grandes, la manera de decir las cosas suele tener más importancia que lo que se dice.
Muchas compañías importantes son la prueba viviente de cómo el estilo triunfa sobre el contenido. Todos sabemos que esto es así en lo que al aspecto se refiere: por muy brillante que sea su cerebro o por muy acertadas que resulten sus decisiones, si lleva los trajes arrugados y los zapatos rotos, nunca llegará a presidente. Lo mismo sucede con la comunicación. algo totalmente sincronizado.
Segunda ventaja secundaria: en cualquier organización, las personas a las que cuesta entender, pronto quedan catalogadas de torpes. Si la mitad de los ejecutivos del mundo supieran cómo sus secretarias, subordinados y colegas se burlan e imitan sus estupideses, andarían más despiertos, o se volverían paranoicos, o las dos cosas a la vez. Usted no puede tratar eficientemente con la gente si, incluso antes de que abra la boca, todos saben que va a hablar a estupideses.
En cierto sentido, todo el mundo es consciente de estas cosas. Nadie habla a estupideses deliberadamente. Entonces ¿por qué nos cuesta comunicarnos? ¿Cuáles son las barreras para una mejor comunicación? ¿Es posible, con una pizca de esfuerzo, aprender a comunicarnos persuasivamente? La respuesta es, sencillamente, sí: la comunicación es una habilidad que aprendemos inconscientemente mientras crecemos y toda habilidad que se aprende "inconscientemente" se puede aprender a perfeccionar "conscientemente".

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